Nápoles es una ciudad activa, vital y su gente es amigable, cálida y orgullosa de su espíritu napolitano. Algunos consejos y sugerencias para descubrir la verdadera ciudad más allá de los tradicionales clichés.

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Iglesias, historia y arqueología se combinan con buena comida, y un aire cálido y familiar. Se puede descubrir el ritmo de Nápoles con sólo sentarse en una terraza o piazza a beber un capuchino.
Y también están las maravillosas vistas: desde el viejo barrio, la costa del mar, la imponencia del Vesubio. La ciudad también es en sí una obra de arte que siglos de historia han ido modelando.

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¿Cómo llegar?
Hay diferentes aerolíneas, incluso algunas de bajo coste, que vuelan a Nápoles. La ciudad está también conectada a las más importantes redes férreas italianas. Desde el aeropuerto puede tomarse un taxi (que nos costará unos 20 euros) o tomar uno de los buses de Alibus que salen cada 20 minutos y cuyo coste es de sólo 3 euros.
Consejos
Nápoles tiene una exagerada fama por un alto nivel de crímenes y robos que se ha logrado reducir notoriamente en la actualidad.
Para moverse en la ciudad se puede usar una de las tarjetas de transportes llamadas artecard, la misma se puede adaptar a la cantidad de días que nos quedemos en la ciudad y viene en versiones diferentes si vamos a viajar sólo en el centro o también en la región napolitana.
El clima en el verano es húmedo y muy caluroso. La mejor época para visitar Nápoles es la primavera o el otoño. En invierno seguro se pueden evitar las masas de gente y el clima se vuelve bastante más frío.
Pompeya y Herculaneum pueden hacerse juntos en un sólo día: lo mejor es ir por la mañana al segundo donde seguro habrá mucha menos gente, volver luego a la estación y comer un ligero almuerzo. Así por la tarde estaremos en Pompeya cuando ya hayan pasado los grupos de turistas organizados.
