Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo, famosa por su historia y su situación estratégica, capaz de atraer a lo largo de siglos de historia infinidad de naves griegas, romanas, árabes y de distintas civilizaciones que dejaron su huella en los pueblos y ciudades.
Sicilia tiene también su tierra profunda, aquellos lugares más auténticos que muchas veces no salen en los folletos y guías turísticas. Uno de éstos puntos es el pueblo de Noto, una zona de urbanización magnífica considerada como Patrimonio de la Humanidad.
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Situado en la provincia de Siracusa, Noto se encuentra a los pies de los montes Iblei. Con una larga historia, y distintas influencias, Noto encuentra en los siglos XVI y SVII un período dorado extendido hasta un momento que marca un quiebre: el terremoto del año 1693. Totalmente destruida, la ciudad de Noto fue reconstruida a orillas del río Asinaro, más cerca del mar Jónico con una característica que la marcaría hasta la actualidad: una magnífica muestra de arquitectura barroca siciliana.
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Noto pasaría a la historia como “el jardín de piedra”, con sus calles y construcciones de fachadas color toba y tonalidades tenues difíciles de describir, valoradas como Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, junto a otras ciudades del área. Entre palacios, Iglesias notables, y en cantidades, la ciudad ofrece un panorama urbano magnífico.
Una visita a Noto, se complementa con un recorrido por la ruta de las ciudades del barroco tardío de Sicilia, entre ellas Catania, una de la más poblada de la isla, Piazza Armerina, otra pequeña sorpresa, y la más conocida Taormina. Todas ellas, son una demostración de que Sicilia tiene mucho más que ofrecer que sus ciudades de renombre, una inmersión a las tierras profundas de una isla encantadora.
