Aunque a primera impresión el nombre de Michelangelo di Lodovico Buonaroti Simoni no nos suene a artista famoso, él fue, según los críticos, el realizador de la escultura artística más hermosa y perfecta del mundo, superando a los grandes maestros griegos y romanos. Popularmente lo llamaban simplemente Michelangelo, es decir, Miguel Ángel, y en el año 1501 comenzó a esculpir una de sus más grandes y famosas obras: “El David“, el mismo que desafió al gigante Goliat y lo derrotó solo con valor y una honda iracunda.

El David de Miguel Ángel por jrgcastro

Antes de tomar forma y nombre, el gran bloque de mármol era llamado “El Gigante” por sus grandes proporciones y estaba destinado a convertirse en la escultura de algún profeta que sirviera de adorno en la Catedral de Santa María del Fiori.

El David de Miguel Ángel por jrgcastro

Su propietario era el Gremio de Tejedores de Florencia (ver hoteles en Florencia), quienes encargaron la obra en un primer momento a Agostino di Duccio. Para el 1460, di Duccio tan solo había conseguido vaciar parte del mármol dejando el bloque de mármol en un estado lamentable y así fue como “El Gigante” durmió algunos años más en la propiedad de Arte de los tejedores de Florencia. De su letargo lo despertaría un joven que empezaba a brillar en el firmamento de las artes florentinas, no sin antes competir con el mismísimo Leonardo da Vinci por darle forma y vida a la piedra. Junto a ellos se presentó Andrea Sansovino, quien fue rápidamente descartado por el cartel de sus dos otros competidores. Para aquel momento, la idea de realizar la escultura de un profeta había sido descartada, dando paso a una propuesta fresca, como lo fue “El David“.

Finalmente, Miguel Ángel sería escogido por la seguridad que demostraba por transformar ese vetusto y maltratado mármol en una gran obra de arte, y además de una sola pieza. Comenzó en el año 1501 y terminó el 1504, ofreciéndole al mundo una hermosa escultura de perfectas proporciones y excelente estética.

El David de Miguel Ángel por jrgcastro

Uno de los aspectos que más impresiona por igual a aquellos que ven por primera vez al “David” y a los que lo han apreciado en reiteradas ocasiones, es su penetrante mirada y el grado de expresividad que alcanza. Lamentablemente, durante los últimos años, “El David” viene sufriendo los embates del tiempo. Algunas grietas han hecho su aparición en el mármol, por lo que necesita constante cuidado.

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